Capitulo I – El hospedaje

Se creyó perdida, iba a lanzar un grito, pero el terror lo
heló en su garganta; no había remedio posible, era preciso
callar para salvarse.
El hombre dio a oler a la joven una esencia que llevaba
en un !rasco, luego hizo lo mismo con la que dormía en
la otra cama, miró en rededor, hizo un gesto revelador de
complacencia, tomó su puñal y sacando del bolsillo una
mano de muerto, puso ambas cosas sobre el pecho de
Elvira, la que como por arte de magia, comenzó a denunciar
todas las riquezas de- su familia, y a declarar todo
cuanto el villano quiso preguntarle
Luego pasó con sus amuletos a la cama de Rita, se los
puso también sobre el pecho, y esta le dijo donde estaban
las llaves de todas las puertas y cómodas de la casa.
Cuando el bandido se hubo apoderado de las llaves del
portón, salió precipitadamente.
Mariana, que tal cosa veía, no pudo resistir más, creyó
que era una cobardía abandonar a sus hermanas a los
instintos de ese hombre sin entrañas, y como movida por
un resorte salió tras él.
El ladrón abrió la puerta y dijo: -Muchachos, es hora, entren
todos; pero nadie respondió a su voz y hubo de salir
a la calle.
Con la rapidez del rayo, Mariana corrió la cerradura, dejando
afuera a los ladrones, quienes en su despecho
intentaron romper la puerta pero temerosos de que la
policía pudiera darse cuenta por sus repetidos golpes,
resolvieron tomar las de Villadiego, humillados por la valentía
de una niña.
Mariana entró al cuarto donde sus hermanas alojaron a la
supuesta mujer, y sólo halló un vestido negro, una almohada
y otras cosas por el estilo, de donde pudo deducir
que sus hermanas habían sido víctimas de un gran engaño.

Leave a Reply