Bolívar

De mozos inexpertos, peritos generales
improvisó Bolívar. Su voluntad creaba.
A su querer centauros, “Centauros indomables”,
recorren victoriosos las cumbres y las pampas.
Mil hechos sorprendentes, mil rasgos de heroísmo
ilustran los blasones de la naciente Patria:
Ricaurte en San Mateo su nombre dejó escrito
en los portales áureos del templo de la fama.
Cedeño, Páez, Bermúdez y mil y más varones,
altivos paladines de la contienda magna,
a los combates iban al son de sus canciones,
como si fiestas fueran las épicas batallas.
Los hombres que a Bolívar intrépidos seguían
jamás necesitaron de petos ni coraza.
Así lo demostraron en Boyacá y Pichincha,
en Junín y Ayacucho, en Carabobo y Bárbula.
De la magna epopeya que libertad nos trajo
fue Bolívar el nervio, fue Bolívar el alma;
su abnegación no tiene modelos en lo humano,
ni acero se ha templado del temple de su espada.
Los épicos bronces y el mármol glorioso
del magno Bolívar pregonen la historia.
Bolívar no tiene rival victorioso,
nombrando a Bolívar, se nombra la gloria.