Obra Literaria de Ramón Franky Galvis

 

Ramón Franky Galvis dejo una fecunda obra inédita como escritor, novelista y poeta, que gradualmente su familia ha ido divulgando para que la generación actual y nuevas generaciones conozcan y valoren la riqueza y contextura de su obra literaria.

NOVELAS

Mariana
Realidad
Vaivenes de una vida
Leonor y Emilio
Fray Angelo
Como siempre
El medico cándido
El badeal
Sucesos
De tragedia en tragedia
Cruel amor
Como

CUENTOS


La Tonga
El diablo
Jardinera
Los Fantasmas
El Destino
A buscar Mujer
Los 40 del General Santander
El Finado Hilarión
Los funerales de don Román
Ramo Bendito
Casimiro
Por el título
Lastima de vestío
Casimiro
Dicen que lo asesiné
La Opinión
El que a cuchillo mata…..
La buena vecina
San Juan Tapao
Juana María La Bruja
Verdadero Milagro
Rara locura
Que bien muerto
Entre los motilones
Rara Locura
Un cobarde
Una de tantas
Mujer mala

HISTORIA


Canto A Bolívar
Antonia Santos
El Libertador
El Precursor General Miranda
General Francisco de Paula Santander
EL Precursor Antonio Nariño
El Dr. Camilo Torres
Policarpa Salavarrieta
Rosa Zárate de Peña
EL Mariscal Sucre
Antonio Ricaurte
José María Cabal
José María Córdoba
Mercedes Abrego
Cartagueños Ilustres: l y II
Heroísmo Indígena
Los esclavos
Otto Felipe Braun
Historia de Colombia I, II y III

POEMAS


Pa Ella
El Sembrador
A Don Quijote
Bolívar
Silencio
La ceiba
La Rima de tus ojos
Yo tengo una pena
Para ti
La escuela
Cervantes
El cóndor
La Lengua
La Pluma
La máquina
Flores de trapo
La maestra
Entre las Santas
Pedile a la Virgen
Pa que nos cae ahí mesmo
Quero casarme
Adiós mujercita
La canción de la pobreza
Un jondo cariño
La Maestra Rural
Quizque tuvo un novio
Caleñita
Remember
María
Su pite de suelo

Si, hijo, triunfarás y, como el fervoroso deseo de padre, si en el decurso de tu vida sometes tu obrar a las siguientes reglas:
Primera: Dios es Dios y, sin el nada vale el hombre, confía, pues en Dios y obra siempre según sus mandamientos.
Segunda: Nunca dejes que la ira te domine: si te insultan y te ofenden, mira quien lo hace y, refrena tus ímpetus, recordando que, no es de hombres reñir con los que te agravian.
Tercera: Perdona siempre a los inferiores que contra ti ejerciten odios, pero no transijas con el superior que trate de humillarte. Debes estar siempre erguido ante el potentado y sonreído y complaciente con los menesterosos.
Cuarta: Destierra de tu ser la terrible y sucia pasión que se llama miedo, alzándote dominador ante quien te amenace, recordando que solo Dios es Omnipotente. A la impulsiva sacudida de tus nervios impone el dominio de tu voluntad. El instinto, primitivo y violento, debe estar por siempre sometido a tu razón. Cuando logres hacer tanto, podrás cantar victoria.
Quinta: El corazón suele dar malos consejos, hijo, cuida de no guiarte siempre por sus dictados, sin antes haber meditado larga y tozudamente.

Sexta: Jamás te envanezcas por efímeros triunfos. Recuerda que todo llega y todo pasa y que, el hombre debe fincar su hombría mas allá de las imposiciones del amor y del dolor.

Séptima: Cuando en franca y honrada lid te venzan, acepta resignado el vencimiento, pero si te vencen con deslealtad, prepárate, cuidadosa y serenamente, par buscar el desquite de manera que te enaltezca y te honre. La santa humildad que nos enseño Jesucristo nunca pueden obligarnos a ser indignos.
Octava: Los libros dicen mucho y, mucho enseñan, pero la verdad está en el corazón de los viejos, donde la experiencia la ha sembrado y el constante luchar la ha hecho fructífera. Aprende en los libros cuanto puedas, pero nunca desdeñes la lección que quiera dictarte el anciano.
Novena: Si el fracaso responde a sus iniciativas, si tras de cada empeño tuyo salta el imposible, no te amilanes, serena el espíritu y aquieta el corazón: mañana será otro día; el futuro no esta descifrado y, todo esfuerzo de hoy es un luminoso jalón en el ascenso hacia nueva vida.
Decima: Nunca dejes que el insuceso pasado se haga trascendental en tu memoria. Toda dificultad ya superada o dejada a la vera del sendero debe ser lección orientadora para nuestros nuevos propósitos.
Sí así obras, hijo, nadie podrá posponerte y el camino del triunfo te será fácil.
Ramón Franky Galvis
Cali, febrero 22 de 1950.

 

De su hijo Heli Franky Rojas
El documento que mi padre, Ramón Franky Galvis, me escribió el 22 de febrero de 1950, me conmovió. Era la época en la que finalizaba mi bachillerato en el Colegio Académico de Cartago.
Fue norma de vida para mi ante una serie de verdades respetuosas que acepte con seriedad y confianza. Cumplí con el deber de entregarle certificados y diplomas que conseguí en mis primeros años así:
Diploma de bachillerato del Colegio Académico de Cartago en enero 31 de 1951.
Diploma de Ingeniero Civil, otorgado por la Universidad del Cauca el 2 de noviembre de 1956.
Certificado de la Asociación de Ingenieros del Valle del Cauca con matricula profesional número 763 como miembro activo de la Asociación de Ingenieros en el año 1957.
Constancia del Congreso Nacional de la República de Colombia el cual certifica; “El doctor Heli Franky Rojas asistió a esta Corporación como Senador por el Departamento del Valle del Cauca en el periodo legislativo 1966 – 1970.”
Para obtener lo aquí expresado seguí las normas que mi padre me indicó iniciando, por supuesto, a Dios Todopoderoso, siguiendo las normas de hombre nuevo, correcto e inteligente.

Mi padre me dio el visto bueno para mi matrimonio con Esperanza Castrillón Cerón en Popayán en 1956.
Luego, en el discurso de grado en el Paraninfo de la Universidad del Cauca, con motivo de mi grado de Ingeniero Civil dije lo siguiente; una mujer desato mis sandalias de peregrino y me ligo a la sinfonía infinita de la historia payanesa.
Llevo 64 años en el cumplimiento de las normas de la vida que me enseño mi padre Ramón Franky Galvis y por ello me siento orgulloso.
Me uno al deseo de mis hermanos de rendir homenaje a la memoria de mi padre al cumplir 100 años la publicación de su novela Mariana.
Reconozco el aprecio que los literatos de su época tenían por él al destacar su inteligente capacidad literaria e histórica. Adjunto para esta publicación la carta “Triunfaras” a la que me he referido por cuanto fue la norma de vida que mi padre me trazó.

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TRIUNFARAS

De su hija Nativa Franky de Echeverri

Escribió alguna vez un pensador: “Cuando todo esta hecho, las mañanas son tristes”. Para mi padre no hubo mañana triste, ni día sin emoción. Iluminó los amaneceres con la pureza de su pluma, alucinó con sus novelas, recreó sus tardes con historias mitológicas de espantos y duendes, que al irse nos dejó como legado.
Como hija mayor vi volar su angustia con la temprana partida de mi madre; lo vi llorar como un niño cuando pierde su norte. Estábamos huérfanos y el también lo estaba. A mi madre la amó sin medida, le dedico sus mejores versos y sus mejores días. Decía que quería morir para estar siempre a su lado.
Compartimos una vida; recuerdo sus desvelos por educarnos y por sembrar en nosotros la semilla de los hombres de bien. Fue el amigo, el maestro, el mentor.
Gran hombre, filosofaba sobre el ser, sobre la condición humana, sobre la vida y todas sus facetas, sobre la muerte y el no regreso. Hombre de ayuno y oración; cómo no recordar sus múltiples bendiciones cuando nos veía partir, cómo no recordar sus inmensos silencios en comunión con Dios.
Mi padre, mi soñador, amante de la naturaleza, de sus frutos y sus flores, que le sirvieron de inspiración en sus noches de insomnio.