Dios

Dios está en el manjar de nuestra mesa,
en el vino que alegra nuestra holganza,
en el pan que nos nutre generoso,
en la sal, en las frutas y en el agua.
En las cumbres nevadas de los montes,
entre nieblas y brumas se recata
la majestad radiante de hermosura
del Dios de perfección bondad y gracia.
El aliento de Dios puebla las urbes,
se yergue en la altitud de la montaña,
reposa en las alturas penumbrosas,
se expande en la extensión de la llanada.
Nos sigue Dios por todos los caminos.
El en la soledad nos acompaña
y en las horas fatales de la duda
alumbra nuestras mentes alocadas.
Si dormimos, Dios vela nuestro sueño,
si velamos, es luz en nuestras almas
y en las noches de luto pesaroso,
consolación nos da con la esperanza.
Vemos a Dios radiante y majestuoso
en el regio fulgor de la mañana,
en los pálidos rayos del crepúsculo
y en la noche silente y recatada.
Está Dios en la luz, está en la brisa
está en las hondas simas desoladas
y en las enhiestas cumbres que se yerguen,
coronadas de nieves y de escarcha.