Sembrador

Extiende luminosa la tarde sus pendones,
ocaso está de fiesta, derrocha luz el sol,
de vaporosas nubes fugaces escuadrones
enredan en los cielos los diáfanos crespones
del último arrebol.
Espléndida es la tarde de galas revestida,
magnífico el paisaje de pompa vesperal,
cantando están las aves las trovas de la vida
y va la fuente pura rimando conmovida
Su canto sin rival.
Al pié de una colina, sobre la fresca grama,
cabe el frondoso palio de cedro secular,
Jesús, el Nazareno, el de la voz que inflama,
la miel de sus doctrinas magnífico derrama
con sabio razonar.
Escuchan los discípulos la prédica divina
y sienten en sus pechos arder la devoción,
en tanto que se acerca la gente campesina
y ante el profeta joven que su atención domina
doblega el corazón.
Jamás de labio alguno brotaron enseñanzas
tan llenas de ternura, de caridad y amor;
en el Sermón del Monte las Bienaventuranzas
trocaron los martirios en vivas esperanzas
de porvenir mejor.