Para tí, para tí, mujer divina
que mi oscuro vivir plácida alientas,
estas flores recojo conmovido
del jardín ideal de mis tristezas.
El destino, cobarde y traicionero,
estrujando mi débil existencia,
de mis dulces y bellas ilusiones
miserables escombros sólo deja.
Mi naufragio total está cercano,
en mares insondables, sin riberas.
La nave que portaba mis ensueños
ha perdido la brújula y las velas.
Del azar al capricho voy cruzando
este mar borrascoso de mis penas
y las sombras tenaces me circuyen,
mientras ruge terrible la tormenta.
Todos los horizontes se cerraron
en torno de mi vida que antes era
de místicos ensueños un enjambre.
y un nidal prodigioso de quimeras.
Y voy por los senderos de la vida
en una soledad que desconcierta:
nadie me tiende brazos compasivos,
nadie escucha doliente mis querellas.

Pero en tanto sufrir tengo un consuelo
mitigando el rigor de mis tristezas,
porque pienso, mujer, que tú me quieres
y que sabes dolerte de mi pena.

Si del hombre los múltiples desvelos
se pierden en las sombras del olvido,
si su ciencia incipiente no ha podido
mitigar sus eternos desconsuelos;
si enmudecen los astros de los cielos
del humano dolor ante el gemido,
si nada ante lo arcano han conseguido
sus congojas y súplicas y duelos;
si del serio pensar tan sólo emana
la locura que lleva al cautiverio
o la incredulidad torpe y pagana,
¿cómo ilustras, mi Dios, nuestro criterio,
si la curiosidad nos lleva insana
en busca de consignas de misterio?

Nu es pualabame, pero soy honrao,
no tengo cosas que me pinten mal.
Tuel mundo sabe que tengo mi rancho,
que anaides molesto, que sé trabajar.
Allá en mi finquita, orillas del río,
a juerza de briegas, ya tengo un pasar;
pero me hace jalta tener quén me quera,
tener quén mestime con sinceridá.
Un hombre solito se aburre, se jarta
yal alma selentra un jeo malestar.
Es pueso que quero prontico casame,
pa ver si me libro desta soledá.
Pero, no podío dar con la muchacha
que sepa mostrase como deben ser:
harto querendonas, bien educaítas
con jiesta en los ojos y en la jeta miel.
Toitas las noches me sueño casao
con una negrita más güena quel bien,
pero ya en dispierto mincuentro más solo,
sin a quén mostrale mi santo querer.
Lucila, la zamba más linda que· visto
por tuestos contornos de la vecindá,
casita me coge, casito me enrriea,
casita miarrima juntico al altar.

Yoslaba risuelto, risuelto a entregame,
risuelto a rendime de modo jormal,
yapronté mi rancho y busqué padrinos
y le dije al Cura que miba casar.
De golpe la chica se torció conmigo,
porquihubo un jilipo, como tantos hay,
que supo dicile la mar de mentiras,
pa luego engañala y hacela llorar.
La negra de Claudio, la linda Duvijes,
mestá coquetiando, digo la verdá,
pero es mariposa quen toas las flores
rnielecitas busca, con dañino aján.
Yuna muchachita que asina sentriega,
quizque pa sus ratos alegre pasar,
no sirve pa esposa, lo dicen los viejos
y siellos lo dicen, su razón tendrán.
Mincuentro afligía, pensando que nunca,
que nunca en el mundo yo podré incontrar
una mujercita llena de virtudes
y que tenga gracia, pimientica y sal.

Las flores son un tesoro,
un regalito del cielo,
para alegrar a los campos
en verano yen invierno.
El perjume de las flores
es esencia de Dios mesmo
y se güelve puro grano
a lo que la flor ha muerto.
Toas las flores me gustan
y cuantas veces yo puedo
miarrimo a las florecitas
pa güelelas bien contento.
Nunca deshojo las flores,
las remiro y las contemplo,
sin mancharlas con mi mano,
manque de golpe las beso.
Tanto me gustan las flores,
que en mi rancho recomiendo,
me pongan flores bonitas
juntico onde yo me asiento.
Ayer me pusieron unas
tan relindas, que al momento,
supuse que güelerian
la mar de rico y de güeno.

Me las llegué dejilito
y levanté el florero,
pa pegale las narices
como si juera a comémelo.
Pero tuve gran desgusto,
un desgusto remacuenco,
porque esas flores malditas
son pa velas dende lejo.
Eran de trapo esas flores,
de trapo las habían hecho,
muy bonitas de por juera,
pero sin gracia puadentro.
Las flores que son deveras,
las que nacen en el suelo,
las que sueltan su perjume
pa que se trepe a los cielos.
Son fresquitas, delicadas,
como las niñas del pueblo
que saben con sus virtudes
rnetérsenos dentrel pecho.
Habiendo en la tierra flores,
como las que hay en mi pueblo,
tan relindas en colores
y con perjume tan güeno.
Hasta pecao me parece
hacer lo que con yo hicieron,
al regalame esas flores
hechas de trapos y jierro.

A la sánta memoria de mi esposa María Rojas de Franky.

Yo tengo una pena tan honda, tan honda,
que en cruz y martirios tiene mi vivir,
una pena enorme que exige imperiosa
que ofrende en sus aras tributo sin fin.
Yo tengo una pena que nubla mis ojos,
y amarga mis horas con fiero tesón;
asesina pena que mata mi ensueño,
pena que me hunde en mares de dolor.
Y o tengo una pena que muerde rabiosa
las sensibles fibras de mi corazón.
Yo tengo una pena que siempre me brinda
un cáliz repleto de ingrato licor.
Yo tengo una pena brutal y porfiada,
que acerca a mis labios,. en copa de hiel,
un letal veneno de sabor tan agrio,
que nadie ha probado cual yo lo probé.
Yo soy un romero que va por el mundo
sembrando simientes de paz y de amor,
y hado perverso destruye mis siembras
¡¡ planta en mis predios la desolación.
Ayer fue la muerte, la muerte impiadosa,
la que hundió en la tumba toda mi ilusión,
al llevarse aleve la mujer bendita
que al dárseme toda, su fé me rindió.

¡Oh muerte terrible! La flor que arrancaste
del rosal doliente que es mi corazón,
disfruta en los cielos de gloria esplendente,
mientras yo agonizo, presa del dolor.
Por eso, llorando me paso las horas,
buscando consuelo tan sólo en mi Dios.
Por eso esta pena que llevo en el alma
me arrastra por sendas de desolación.

¡Caramba! Qué enorme tristeza
toítas las horas me amarga
y siembra dolor en mi pecho
ande antes la dicha cantaba.
Solito mincuento en el mundo
manque pilas de gentes me hablan
pos naides mis penas compriende
y naides enjuga mis lágrimas.
Maruja, lesposa quel cielo
me dió como prenda de calma,
ya duerme con toos los muertos
el sueño que nunca se acaba.
No pudo curarla la cencia
que a gritos pregona su fama,
la cencia que too lo inora,
la cencia que a taos engaña.
Maruja, mi linda Maruja
murió como muere una llama
dejando en tienieblas escuras
mi jé, mi pasión, mi esperanza.
Jué siempre la madre más güena
lesposa modelo y sin tacha,
la dulce, la jiel compañera,
con suaves cariños de hermana.

Pasó por el mundo soñando,
jamás se la vido enojada,
vivió como viven las madres:
sin odios, sin celos, sin manchas,
Ya muerta Maruja no pueo
pensar en consuelos ni en naa .
toito me sobra en el mundo ,
toito me aburre y me Jarta .
Es pueso quepella yo escribo
con tinta de sangre esta página
doliente yamarga y sentía
como el sabor de mis lagrimas.
A Dios ques tan güeno y tan justo
agora levanto plegarias,
pidiéndole dé a mi Maruja
de santos y justos la palma.
Pos jué tan humilde y tan güena
pos jué sufrida y tan casta
que trono merece en la gloria.
pero entre las santas mas santas.

Señor Juez, aquí me tiene,
aquí me tiene, toy preso,
risuelva mi caso pronto,
si porque maté, soy reo.
Fíjese bien, Señor Juez,
fíjese bien en el viejo
que le ponen por delante
como todún bandolero.
Estas canas Señor Juez,
estas canas que yo tengo,
me las gané trabajando,
trabajando como güeno.
A naides he molestao,
a naides quité lo ajeno,
a naides busqué camorras,
a naides dije improperios.
Jamás me pasé las noches
por las calles deste pueblo,
con los tahures jugando,
con los borrachos bebiendo.
Cuidando mis cuatro matas,
detrasito desos cerros,
he vivio la mi vía
dende questaba pequeño.

Cuando tuve ya con qué,
porque mis matas me dieron,
con Duvijes me casé,
como lo manda Dios mesmo.
Un montón di años vivimos,
muy jelices y contentos,
cuidando la muchachita,
que nos mandaron los cielos.
Un día se murió Duvijes;
la llevé pal cementerio,
llorando como se llora
lo que deveras queremos.
En dispués, me juí pal rancho,
a cuidar a mi Remedios,
pos la muerte de su mama,
me obligaba más a hacelo.
Yo le lavaba la ropa,
yo la cuidaba en el sueño,
yo le daba la comía,
yo lenseñaba los juegos.
Yo lenseñé la dotrina
y toiticos los rezos,
pa que conociera a Dios,
el que cuida de los güérjanos.
Yo mesmo le dí liciones,
paque aprendiera presto
a manejar la cocina
ya pegar un güen remiendo.

Mi muchacha, Señor Juez,
en diciselo no miento,
es más linda que toítas
las muchachas deste pueblo.
Tiene la gracia en los ojos,
que son grandotes y negros,
como las noches oscuras
que nos tapan hastael cielo.
Mi muchacha, Señor Juez,
¡ah! dicile más no pueo.
Porque me mata esta pena,
que traigo puallá, puadentro.
Diez y seis años apenas
va a cumplir puallá en febrero,
pero tiene, Señor Juez,
un tasajazo de cuerpo.
La vida un tal Don Manuel,
salía de los injiernos,
y le embrujó la cabeza
con sus mentiras y enríeos.
Una tarde, Señor Juez,
yo venía de puallá lejo,
de la falda de la loma,
onde mis trabajos tengo.
De repente, ví al bellaco …
No. Lo que ví no lo cuento.
Ese hombre quitó el honor
a mi niña, mi Remedios.

Yo no supe ya loquise.
Nada vide. Quedé ciego.
En dispués, acá en la cárcel,
que lo maté, me dijieron.
Señor Juez, aquí me tiene,
aquí me tiene yes pueso.
Sí, yo maté al que mató
mi ventura y mi consuelo.
Pero diga, Señor Juez,
siel bellaco nostá muerto,
pa salir de aquí a matalo,
yen dispués, golveme preso.

Yo nací en el VALLE, cerquita di un río,
el más lindo río que corre puel suelo,
porque son sus aguas tan puras y limpias,
que, borran angustias y curan enjermos,
Mi pueblo es Cartago, Cartago que tiene
más luz y más aire que taos los pueblos
y ques tierra santa que les da a sus hijos
las santas virtudes yel noble talento.
Mi padre jue un hombre que entregó al trabajo
de su recia vía taos los empeños,
que pasó puel mundo haciendo javores,
siempre resinao, siempre satisfecho.
Mi madre, la güena, la santa, la pura,
mujer que su sangre me dió con sus nervios,
jue tipo de madres, porque siempre supo
dános enseñanzas, dános vivo ejemplo.
Jamás se me olvidan las santas liciones
que daba mi madre, en dispués del rezo;
Aprended dicía, a ser bien honraos,
a dále al trabajo ya ser siempre güenos.
Toos mis hermanos, pa quereme mucho,
santo juramento paéce quisieron,
jamás los olvido, los llevo en el alma,
yagora servilos tan sólo deseo.

Cuando yo juí mozo miraba las cosas
sin pizca de ajanes, casi con desprecio;
soñaba con véme subía en las cumbres
con ser poderoso, con cencia y dinero.
Antonces me dije: pa buscar jortuna,
me voy de mi tierra, melargo pa lejo,
y cogí camino, sin pensar en naa,
cargao dinorancia, soñando dispierto.
Conocí los mares, visité naciones
y traté con gentes de miles de pueblos,
sin topar siquiera trato generoso,
nincontrar jortuna, nian hallar aprecios.
Pueso dí la güelta, me golví a mi casa,
me dejé de ajanes, pensé en tener seso
y, puse mis ojos en una morena
que supo robame todito mi afecto.
Maruja jue entonces la jiel compañera
questuvo a mí lao toas los momentos
y me dio cariños, y me dio ternuras
y me dio los hijos que son mi consuelo.
Tener mujercita tan linda y tan güena,
como jué Maruja, es tener contento;
lo demás es paja, lo demás es ruío,
lo demás es cosa de merito viento.
Que digan las gentes que nos vieron juntos,
si habera en el mundo cariño tan cierto,
como ese cariño que juntos tuvimos
y que agora muerta le sigo teniendo.

Por mis papacitos, por mi mujercita,
por los güenos hijos que me dio ya el cielo,
le tengo a Cartago tan jondo cariño,
que nunca lo quito deste mi recuerdo.

Poema dedicado a Cartago, su ciudad
natal

*Dedicado a María Rojas de Franky, su esposa.

Jue un domingo al salir de misa;
yostaba parao en la puerta,
ande toos los hombres se paran,
pa vele la cara a las hembras.

Las estaba mirando y mirando,
con la jeta tamaña de abierta,
porque a yo las mujeres bonitas,
por los ojos al alma sementran.

Dentre toas las lindas muchachas,
que de adentro salían ele liglesia,
salió una, vestía erosao,
y con flor coloraa en las trenzas.

Salió una güeliendo a sabroso,
con olor a jazmín y a violeta,
contoniando el cuerpito garboso,
como palma quel viento menea.

Se quedaron mis ojos pegaos
desos ojos grandotes que eran,
dos fogones por Dios encendíos,
pa alumbrale la cara morena.

Toíto temblando y con mieo,
miacerqué pasitico juntuella,
pa dicile que sí quiba linda,
y que gusto me daba el querela.

Mi decir le gustó bastantico
yanque naa me dijo su lengua,
me torció, con malicia, los ojos,
y con risas, menió la cabeza.

Me olvidé detoita la gente
questaba en la puerta e liglesia,
y, de golpe me vide en la casa
ondíba a dentrarse mi negra.

Y quedé como poste parao
en el frente mesmito e lapuerta
cuando vide, tiraa en el suelo
la flor que llevaba en las trenzas.

Esa flor perjumada y preciosa
que se untó de su linda cabeza,
se golvió como mil peacitos,
de tanto besala y güelela.

Dende entonces juré que mi vía
tan sólo sería pa quererla,
ye cumplío. Sinó que le diga,
sin dársele naa, ella mesma.

Quel querer que nos hemos tenió
es querer que poquitos lo cuentan,
porque semos el uno pal otro,
del too, pa siempre, deveras.

El curita que dice sus rezos,
el que canta su misa en liglesia,
onde vide a la negra de mi alma,
con su flor coloraa en las trenzas,

me la dio, como Dios lo ha querío,
me la dió de verdáa toa entera,
y ya pueo dicile a la gente
que yo vivo tan solo pa ella.