que vendiera esa casa y dejaran ese odiado pueblo porque
ella no podía vivir mas en donde mujeres endiabladas
eran capaces de quemar ramo bendito para ahuyentar a
los vecinos.
Don Plácido, comprendiendo que así encontraría la paz y
la calma que hacía tiempo habían huido de su hogar , dio
gusto a su querida esposa.
Vendió la casa y con toda su estimable familia se fue a
vivir a mas de cien leguas de distancia de su querido pueblo
natal.
Obró pues, el ramo bendito el milagro de restaurar la paz
entre dos hogares que estaban mas que dominados por
el odio. Cesaron las enemistades. Se acabaron los disgustos
y la tranquilidad floreció de nuevo. ¿Qué mas se
podía pedir?
Ojala que entre vecinos cada vez que haya gazapera se
quemen ramo bendito en la seguridad de que, quien primero
lo haga, resuelto a no volver a emplear insultos, tendrá
mas que seguro el triunfo.
Mas de dos años transcurrieron, sin que los viejos amigos
Don Plácido
Y Don Patricio volvieran a tener tratos ni contratos y cosa
igual ocurrió con todos los familiares, pues aunque es natural
que el muchacho y la muchacha que habían sido
novios y habían estado en plan de matrimonio siempre se
recordaran, no habían tratado de buscarse y menos de
reanudar sus relaciones.
Para atender un negocio , de suma urgencia, Angelito se
dirigió a la Capital del Departamento donde debía permanecer
algunos días. A la mañana siguiente, domingo
especial pues se conmemoraba el Domingo de Ramos,