El Ramo Bendito

El mismo día del cambio de prendas, de común acuerdo
entre las familias, se convino en que el matrimonio se
realizaría seis meses mas tarde, tiempo que consideraron
suficiente para hacer los preparativos ya que ambicionaban
que la fiesta matrimonial hiciera época.
Corrían los días y a cada instante se sentían mas felices
los comprometidos. Pero qué ocurrió…? lo impensado,
lo imprevisto… Algo anormal que echó a pique el compromiso.
¿Quien tuvo la culpa? Ella dice que fue él, él dice que fue
ella. En todo caso los muchachos se pelearon, se devolvieron
los regalos, se devolvieron las prendas, sin asistencia
del sacerdote y sin decirse siquiera adiós cada uno
tomo su portante y dejaron de hablarse.
Las cosas no hubieran pasado a mas, si el Domingo siguiente
al día del disgusto no se le hubiera ocurrido a Don
Plácido, padre de Rosalbita, tomarse unos tragos precisamente
en la misma cantina donde también libaba, a
sus anchas, don Patricio, papá de Angelito.
Como los ánimos estaban entre los dos vecinos , mas
que irritados, Don Plácido pidió un whisky doble y con
la copa rebosante con pulso tembloroso se acercó a su
vecino y le dijo:
– Amigo tómese un trago que es el último que hemos de
tomarnos en compañía. Estoy resuelto a romper relaciones
con los de su casa porque con la honorabilidad de las
gentes decentes no se puede jugar.
Don Patricio se irguió cuanto pudo y gritó :
– ¡A mi no se me viene con regañitos! Deje eso para que
sepa hacerse respetar en su casa. Yo he criado una familia
para que honre este pueblo y en jamás de los jamases
voy a dejar que mis hijos se abajen. ¿Me entiende usted
Señor Don Plácido?