como buen católico que era, Angelito se fue a misa.
Cuando nuestro joven entró a la iglesia, como ya había
pasado la bendición de las palmas, tropezó con un grupo
de gentes que, con sus ramos benditos en las manos
lo acosaban dificultándose hasta moverse. En tales circunstancias
quiso la suerte, que al tratar de par paso a
un devoto asistente retrocedió con alguna brusquedad
dando un empujón a una dama, que al darse cuenta de
quien era exclamo:
– ¿Angelito, todavía me odias?
Angelito reconoció de inmediato a Rosalba Alegrías, la
bella hija de Don Plácido y Doña Piedad, quien fuera su
prometida y sin poder contenerse tendió los brazos y estrecho
a la joven contra su pecho., ante la sorpresa de
centenares de espectadores a tiempo que le decía: Rosalbita
te adoro, nunca te he olvidado.
Poco tiempo después en el mismo templo donde el ramo
bendito había vuelto a unirlos el cura párroco bendijo la
unión de Ángel Reyes y Rosalba Alegrías, acto por el cual
quedaron reconciliadas para siempre las dos aristocráticas
familias.