El Ramo Bendito

– Entiendo, Angelito hable usted con mi papa .
– Bueno Rosalbita. Y haré que mi papá hable con su
papá.
– Los dos viejos se entienden bien y Dios mediante tendremos
su aprobación.
– Me quiere usted de verdad y ya es mío su corazón.
– Todas las palabras sobran Angelito porque lo quiero y
si mi Dios nos da su santa bendición pronto seré suya y
usted será mío, ¿verdad?
No hablaron mas los dos enamorados. Se despidieron
con un fuerte apretó equivalente a un estrecho abrazo;
suspiraron mas que complacidos y con la firme esperanza
de volver a encontrarse muy en breve se separaron.
Dos meses mas tarde, en casa de Don Plácido Alegrías,
padre de Rosalba, hubo una gran fiesta con motivo del
cambio de prendas entre Angel Reyes Bravo y la bella,
inteligente y virtuosa Rosalba Alegrías del Castillo.
El Señor cura, vecino de los dos comprometidos, bendijo
las sortijas y tras una devota y ritual oración las colocó
en los dedos de los que así se comprometían haciéndoles
las recomendaciones y advertencias que en tales casos
son de rigor.
Durante la fiesta, rumbosa de verdad, porque los padres
de familia derrocharon dinero y se mostraron atentos
con sus invitados nada enturbió el goce de los comprometidos.
Rosalbita se superó en delicadezas y atenciones
para con su novio, su familia y sus invitados mientras que
Angelito no sabía cómo demostrar su complacencia ante
Su novia que se mostraba plena de amor y rebosante
de entusiasmo.