llegado tan a tiempo, el indio sacrifica. En todo caso, los
muchos golpes recibidos por el buen señor, fueron suficientes
para hacerlo desistir de su empresa, pues, apenas
se vio a salvo, nos dijo:
-¡ Caramba! Casi me mata el condenao indio; pero loqués
con esta no se queaa, porque me dice ónde tá el entierro
gu no le saco la tonga.
No sé qué trazas se dió mi hermano para orientar la marcha
del indio, en dirección a la casa de la hacienda. Lo
cierto fue que, ya casi a las cinco de la mañana, temblando
de frio, golpeados y maltrechos, llegamos con el
entongado a los corredores de la casona, donde nos esperaba
afligida doña Joaquina, con una buena y sabrosísima
taza de café, que en esos momentos nos supo a
gloria.
Ya al abrigo del techo de la casa, el indio se sentó en el
suelo Y comenzó a desgarrarse los vestidos Y a lamentarse
a gritos, cual si lo estuvieran flagelando con disciplinas
de, aceradas puntas: Me muero, -gritaba-: Me muero.
¡No me maten! i No sean tan asesinos y corrompidos!
Mientras esta dolorosa escena tenía lugar, don Chepe ya
repuesto, reía a carcajadas. .
Cansado y más que adolorido, me acerque a don Chepe
y le pregunté :
-¿Qué es .lo que vamos a hacer ahora? ¿Dejamos que
ese pobre hombre muera en ese estado?
Con toda serenidad, me contestó el interpelado:
-Tenemos quesperar hasta que le llegue la claridá del otro
mundo. ¿No ven vustedes que, apenas está en los delirios?
Diaquiun rato, el indio emprenclpia a ver claro toíto
lo que esta debajo del suelo y, antons, nos muestra onde
ta lo que andamos buscando Y necesitamos. Nuhay que
tener miéo de naa. Estas cosas. son asina. Pa poer conseguir
algo, hay que fregase bastante. Sépalo diuna vez,
mi don Ramonclto.