-¿No será que vústé sihace el bobo, paque yo me ponga
a dicile toíto lo que hay que hacer, pa eso dihcontrar guacas
y sacase. entierros? ..
-No, mi don Chepe. En esos importantísimos asuntos estoy
plenamente ignorante,
nada entiendo. Por eso, le suplicó me dé algunas claras
instrucciones ; porque sí . deseo conocer el asunto, ya
que, entre nosotros, se habla tanto de la TONGA, considerada
como un portentoso talismán. ¿Por qué no me
hace el gran servicio de explicarme qué es eso y cómo se
aplica?
-Pos verá. Lotro día jui a Cajamarca, a pagale una promesa
a mi Señora Santa Lucía, paque ‘ me cuide mis ojitos
que yastán como cansaos. Allá, en Cajamarca, topé con
mi Comé Germana, la mujer del finao Anacleto y como yo
sabía quel marido la dejó riquísima, jue pórque se sacó
como diez entierros; pa poder sacale
algo, le conté lo de los muchos espantos que hay en mi
finca diaquí de Zaragoza, onde yo he vísto el muerto más
de cien veces ye oído quer se quejan y dan gritos, yasta
he sentío que pisan, como dándole a un tambor.
-Bien, don Chepe. El caso es curioso en demasía. ¿Sí
sacó algo de la entrevista con su comadre Germana?
-Pos verá. A lo que ya le conté too, mi comé Germana
que sabe hasta la letra muerta; me dijo quera fijo que
puay había algún gran guardao y que, pa poder sacalo,
tenía que dar la tonga.
– Antons, yo le dije .que yo no sabía eso, ni había quén
me lo enseñara.
‘’Sin dejame acabar de hablar, se levantó mí comé Germana
y dejilo, abrió un baúl, dionde saco un atao de trapos
y lo desamarró, y cogiendo unos granos quihay taban,
me los dió y me dijo: vea., compae, esta es la mesmísima
TONGA lá mejor de las mejores. Llévese vuste estos granitos
y déselos a tomar a una persona questé preparaa.