La Tonga

al interior de la buena casona y nos instaló en amplios
sillones~
Luego; nos dijo:
-Agora sí, voy a mostrales el indio, paque lo conozcan
bien; pero no me le vayan a dicir ni una sola palabra,
porquestos indios son sumamente maliciosos y, se me’
puede dañar este negocio que va tan bien. -En seguida,
se levantó y gritó -: Vení acá, Cleto, pa presentate unos
güenos amigos míos, que han venío dende Ia suidá a hacenos
una visita.
Instantes después, se nos presentó un mocetón, como
de veinte años de edad, robusto, fuerte, sencillo, tímido
y más ignorante que la misma ignorancia. Saludó cortésmente
y luego dijo:
.-¿Pa qué es que me quere el patrón?
-Pa naa, hombre. Sólo pa presentate a estos amigos míos,
güena gente que de golpe te puede servir pa algo. Ellos
viven puallá en la suidá yhan venido a veme. Ya sabés
que, son güena gente y que tenés que querelos, como yo
los quero.
-Sí, señor. Too será como vusté manda. Pa qué más dicir.
-Güeno, hombre, -dijo don Chepe al indio-. Vos mestás
gustando· bastante, porque parecés bien mandao y jormal.
Lo que tenés que hacer es manejate bien con yo, paque
vivás siempre a mi lao, Andá tréme una botella piquilarga
questá allá en el aparaor del cuarto ande yo duermo.
Es pa dales un traguito a estos señores.
Mientras el indio cumplía la orden recibida, nos dijo don
Chepe:
-¿Cómo les parece mi hombre? ¿No cierto questá a pedir
de boca? Yo creo que naides puedincontrarse otro mejor
pa la probe. Este jndio ta pa eso de la tonga, como mandao
hacer.