La Tonga

-Señor -contestó la afligida mujer-, ¿qué es lo que quiere
que haga? ,
-Tráeme el caldo di pollo que te mande hacer dende esta
tarde. Mentras vos lo calentás, nosotros vamos a sacar el
zumo de ají y del yantén, pahacer el bebedizo qui hay que
hacele tragar.
Salió como disparada la señora para la cocina y, don
Chepe, encarándose conmigo, me dijo:
-Vea, mi don Ramoncito, vusté lo tiene aquí bien cogío,
paque no se nos vaya salir. Yo voy, con don Pachito, a
la preparación del rimedio. Fíjese bien en lo que agora
diga, paque no se le vaya olvidar ni unita sola palabra de
las que diga; porque bien puede ser que, agora suelte la
lengua y diga alguito de lo güeno.
Veinte minutos gastaron mis compañeros en hacer las
preparaciones, tiempo que pasé yo entre graves torturas,
tratando de sujetar al indio que, a cada instante, quería
volver a coger el monte, lamentándose, como si ya estuviera
en la última agonía.
No sé cómo prepararían el brebaje que abriendo al indio
la boca, con un palo, como se hace con los caballos
cerreros, le hizo tomar don Chepe. Sólo sé que de esa
bebida, nada grata hubo de tragar el paciente algo más
de tres litros ; esto fuera de que, también le hicieren tragar
tres grandes tazas de; caldo sin sal, caldo que trajo
la señora y que el patrón hizo beber al indio, diciéndole:
-Bebé, indio bruto, pa que aprendás a hacér as cosas al
derecho y no como vos quisistes hacerlas.
Cuando el enfermo acabó de tragar toda esa enorme
cantidad de menjurjes, se agitó convulslonado y, en seguida
comenzó a vomitar y a evacuar de una manera verdaderamente
alarmante que, a la vez que causaba asco,
impresionaba y producía miedo.
Diez minutos más tarde, el indio estaba un algo calmado.
Se miró avergonzado y nos dijo: