Con eso, se sacará el entierro Y toitos los quihaiga puay
cerca. Esta Tonga. ta examinaa por gentes que sí saben
deso. Tenga vusté la seguridá de que, sabiéndola dar, se
guelve rico bien rico.
‘”El alegrón que yo me metí jue macuenco. Antons le pregunté:
Güeno, comadrita ¿y como se da esa Tonga, paque
los resultaos sean de verdá?
“Ella, riyéndose, me contestó: Pos eso es muy fácil. Nués
más que moler siete pares y medio de los granos; regolverlos
bien con güen aguardiente y dáselo a beber a un
indio fututo que esté mozo y que no haiga tenio amoríos
ni enrieos con mujeres.
“No tiene vusté idea, mi don Ramoncito, del alegrón que
me metí con ese regalito. supóngase vusté! Si asina no
más me dio mi come una gran riqueza, por lo ques eso
guardao de mi finca sí es grande, porque los sustos que
nos mete ese muerto son casito toítos los días y porque
ese muerto se ve muy jeo.
– Lo felicito, don Chepe, -le contesté-: Ya usted es rico,
porque tiene una buena. hacienda; pero si la suerte le depara
nuevos tesoros, mejor que mejor.
-Nian lo ponga en dudas, mi don Ramoncito. Esa es la
purita verdá. Yo que se lo digo toa la demora ta en que
me llegue mi indio yen que la menguante se dentre. Vusté
mesmo se va a convencer, porque dende hora lo convío,
pal día que yo vaya dar mi tonga. Sí, mi don Ramoncito,
yo mesmo vengo a llevalo, en mi caballo moro ques
lo más jino quihay por tuestoscontornos. Ya lo sabe: Lo
ques a ver dar la Tonga, lo llevo. Le doy mi palabras, ques
palabras de rey.
Luego, salió don Chepe, montó en su caballo y, sin despedirse,
partió.
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