La Tonga

Pronto regresó el indio, con la botella y, en relucientes
copas nos sirvió don Chepe un anisado que pedía se le
repitiera, de lo puro bueno. Cuando nosotros hubimos tomado,
en copa especial sirvió don Chepe un trago doble
y se lo ofreció al indio, diciéndole:
Tomá, Cleto, tomáte este trago doble paver si te alegrás
un poquito, paque nos cantés algo, diaquí un rato; porque
a yo mihan dicho quesque los tolimenses cantan cosas
muy bonitas, cuando se jalan.
-Verá, patrón, -conntestó el indio-. Yo cuando me jalo mis
cunchos sí me gusta cantar; pero hoy no vamos a podelo
hacer, porque a yo se me olvidó trer mi tiple. Ya palotra
ocasión.
Diciendo esto apuró con tanto- el indio su copa, miró
complacido a la botella y, trató de salir, pero don Chepe
lo contuvo, diciéndole:
-Si querés repetilo, tomá diuna vez, porque este restico
no lo vamos tomar ya nosotros.
El indio sonrió agradecido, se acercó a su patrón, y puso
entre pecho y espalda otro trago doble. En seguida, nos
hizo una venia muy honda, como del hombre que ya está
a media caña, y salió.
Poco después, fuimos invitados por la señora de casa,
doña Joaquina, a pasar al comedor, donde antes de probar
bocado, nos ofreció don Chepe la segunda copa de
su magnífico anisado. Cuando hubimos terminado la comida
que, fue regia, don Chepé llamó al indio y le ofreció
otro trago, el que este apuró sediento; pero al dejar la
copa, hizo un gesto denunciador de desagrado y dijo:
-Hijueldiablo que me supo bien jeo y maluco el traguito,
por qüeste si no taba como los primeros.
-No seas bobo, hombre -contestó don Chepe-. Este trago
ta regio-, mucho mejor quel otro. No ves ques purito
juisqui. ¿No será que ya estás alzando?